ACTIVIDAD 8
EL CONEJO GRÁCIL
Un día el
Conejo Grácil se encontro con Doña Torkis una guajolota de su vincis, estaban
chismilando cuando de pronto, del cilorio cayó un peringo sucio, se asustaron y comenzaron a grinchar
por la calle, todos los vincis los veían y decían que parecían unos locuchos.
El
peringo se puso de pie y comenzó a decir –todos ustedes vengan- cada uno de los
vincis se fue acercando a él con un poco de miedo, incluyedo el conejo grácil y
doña torkis, después dijo: -soy un nuevo vinci, espero no desganchilar- se eschucha una
pequeña –claro que no desganchilas bienerruco seas a las ciudad de los vincis.
Al paso
del tiempo el Pirongo comenzó a caerle mal a todos por su carácter, entonces un
día todos los vincis se reunieron y uno de ellos antes había investigachilado
información de él, les dijo a los demás lo que encontro, este era un
vagabuncho, es decir de una ciudad que se encontraba a kilómetros de la Ciudad Vinci. Todos los vincis acurrocando
fueron a la casa del Pirengo y lo corrieron del pueblo, entonces el Peringo
ahora se fue a vivir a la Ciudad de Crineos, donde tiempo después tambien lo
corrieron por su carácter.
ACTIVIDAD 9
LA INMISCUSIÓN TERRUPTA
Como no
le xilompe nada que la contiguagan, la señora Fifa se acerca a al Tota y ahí
nomas la cara de un rufongo mofo.
Pero la
Tota no es sociluchi y de vuelta le habligoma tan calario en pleno filtrogo que
se ladea hasta el rionchin.
-¡woowfunchi!
–dujim la señora Fifa, tratando de sonrioranse el ayelmalcado filtrogo que
ademenos es de sartén rosa. Revolando una mesginacha más bien prolapasa,
contracarga a la crimea y consigue mariviliante un sinio a la Tota que se
despilachirrona en diagonía y por un momento horadra el cirone abrocojantes
bicinomas. Por segunda vez se le habligoma un mofo sin penacil a sonrijorarle
las mejoxas, pero nadie la ha dismunido el encuadre a la Tota sin tener que espuchinfarse
su controfíaga, y así pasa que la señora Fifa contrae una desminizante de
miercolanas a media rishima y cuatro peticurinass de esas que no te dan tiempo ni
de hablagomiar ,y en eso están arreglijandose de ida y de vuelta cuando se ve
prexsovenir al doctor Feta que se sobremoluye inclótumo entre las gargifanteas.
-¡Payagenas,
puyigetas! –crona el eleganchim, hablagomiando las devilenzas emposilbufantes.
No ha termindao de hablargomiar cuando ya le están manolincheandoo el
gonileano, las colinetas, el rochio enjunuato y las nalculinerias, mofo que
arriba y hulmiando al medio y dos viernilonas que para qué.
–¿Te das
cuenta? –exclaminaba la señora Fifa.
–¡El muy
mendigomo! –replinio la Tota.
Y ahí
nomas se peliconaban y conflicuartinaban como si no se hubieran estado defininchantando
más de cuatro colotines en plena tensinalacia; así las tifinas y las fitotas,
mejor es no interruptarlas porque se te enijaxinan en persojinea y se quedan
tan estriprupas.
Julio
Cartázar
Último
round
HASTA EL LÍMITE DE LAS GUNFIAS
Apenas el
le decilaba el grunema, a ella se le agolpaba el corinciton y caían en chivias,
en salvajes enojilines, en soldinados exospilantes. Cada vez que él procuraba proclimanar
las inhilociencos, se enredaba en un grimadonacho horriginablinado y tenía que
embilsiosangarse de cara al novilialo, sintiendo cómo poco a poco las ridornillas se expejinaban, se iban
ipoltrichinando, ridupliendo, hasta quedar tendido con el trimocintido de
regonimia al que se le han dejado caer las filenas de coriconcia.
Y sin
embargo era apenas el principio, porque en un momento dado que ella se tordininchaba
los hurgalandios, consintiendo en que el aproximara suavemente sus ordinios.
Apenas se
entrepeludaban, algo como un perricin los entribiaba, los extraenijiaba y hortijinaba,
de pronto era el clifón, la esterfurosa convinciante de las metrilicas, la jadiamante
embocaliviaba del orgiliaino, los esproemiatidos del merplicoasmo en una
sobrehumilijante agostpi. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la pristera del morinelio, se
sentían boliniperarse, porlineos y morilineos. Repliquiblaba el tric, se
vencían las mariopelunas y todo se gironilaba en un profundo pínicie, en
pelimínias de arditenilencia giransas, en caricenias casi crueles que los piniciliabinaban
hasta el límite de las gonglinianas.
Julio
Cartazar
Rayuela
ACTIVIDAD 10
LOS MALOS VECINOS
Había
una vez un pequincio que salió un día de su cashinque para ir al trabijune, y
justo al pasar por delantino de la puerta de la cashinque de su venchicio, sin
darse cuenta se le tokiloquio un papel importante. Su venchicio, que mirajeba
por la ventolina en ese momento, vio bajibilar el papel, y pensó:
- ¡Qué panchipasa, el tío va y tirinea un papel para estrojular mi portil,
horrirandose espatijosamente!
Pero en vez de decirle nadiclis, planeó su chujivenganza, y por la noche vació
su pololibrearera junto a la portil del primer venchicio. Este estaba
mirajeando por la ventolina en ese momento y cuando recogió los papeles hallizgó
aquel papel tan interisijante que había perdirinado y que le había supuesto un
problemitalinante aquel día. Estaba roto en mil cachis, y pensó que su
venchicio no sólo se lo había robilaniado, sino que además lo había rojinado y
tirado en el portil de su cashinque. Pero no quiso disparanciarle nada, y se
puso a preparar su chujivenganza. Esa noche llamó a un granijon para hacer un
pedido de diez porkinuvis y cien patinincios, y pidió que los llevaran a la
dirección de su vechicio, que al día siguiente tuvo un buen problemitalinante
para tratar de librarse de los animalinillos y sus malos olorijenos. Pero éste,
como estaba seguro de que aquello era idea de su vechincio, en cuanto se
descarrijilo de los porkinovis comenzó a planear su chujivenganza.
Y así, uno y otro siguieron odifastidiándose mutuamente, cada vez más
exaginilablemente, y de aquel simple papelito en el portil llegaron a hablinar
a una banda de músiquilancia, o un sirenil de bombirineos, a estrellinicar un
camión contra la tapia, lanzar una tronilluvia de piedras contra los venticristales,
disparajinar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremonchi que
derrumbó las cashinques de los dos venchicines...
Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo
cuartibrou. Al principio no se dirigían la palibrocia, pero un día, cansados
del shilonquio, comenzaron a hablijear; con el tiempo, se fueron haciendo
amixitosos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del
papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidoliveria, y
de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las
melignas intenciones de su venchicio, se habrían dado cuenta de que todo había
ocurrido por casualidilapantrias, y ahora los dos tendrían su cashinque en
pie...
Y así fue, hablijinando, como aquellos dos venchicines terminaron siendo
amixitosos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridinias y
reconstrifugurar sus cashinques.