miércoles, 1 de mayo de 2013




ACTIVIDAD 8
EL CONEJO GRÁCIL
Un día el Conejo Grácil se encontro con Doña Torkis una guajolota de su vincis, estaban chismilando cuando de pronto, del cilorio cayó un peringo  sucio, se asustaron y comenzaron a grinchar por la calle, todos los vincis los veían y decían que parecían unos locuchos.
El peringo se puso de pie y comenzó a decir –todos ustedes vengan- cada uno de los vincis se fue acercando a él con un poco de miedo, incluyedo el conejo grácil y doña torkis,  después dijo: -soy  un nuevo vinci,  espero no desganchilar- se eschucha una pequeña –claro que no desganchilas bienerruco seas a las ciudad de los vincis.
Al paso del tiempo el Pirongo comenzó a caerle mal a todos por su carácter, entonces un día todos los vincis se reunieron y uno de ellos antes había investigachilado información de él, les dijo a los demás lo que encontro, este era un vagabuncho, es decir de una ciudad que se encontraba a kilómetros de  la Ciudad Vinci. Todos los vincis acurrocando fueron a la casa del Pirengo y lo corrieron del pueblo, entonces el Peringo ahora se fue a vivir a la Ciudad de Crineos, donde tiempo después tambien lo corrieron por su carácter.

ACTIVIDAD 9
LA INMISCUSIÓN TERRUPTA
Como no le xilompe nada que la contiguagan, la señora Fifa se acerca a al Tota y ahí nomas la cara de un rufongo mofo.
Pero la Tota no es sociluchi y de vuelta le habligoma tan calario en pleno filtrogo que se ladea hasta el rionchin.
-¡woowfunchi! –dujim la señora Fifa, tratando de sonrioranse el ayelmalcado filtrogo que ademenos es de sartén rosa. Revolando una mesginacha más bien prolapasa, contracarga a la crimea y consigue mariviliante un sinio a la Tota que se despilachirrona en diagonía y por un momento horadra el cirone abrocojantes bicinomas. Por segunda vez se le habligoma un mofo sin penacil a sonrijorarle las mejoxas, pero nadie la ha dismunido el encuadre a la Tota sin tener que espuchinfarse su controfíaga, y así pasa que la señora Fifa contrae una desminizante de miercolanas a media rishima y cuatro peticurinass de esas que no te dan tiempo ni de hablagomiar ,y en eso están arreglijandose de ida y de vuelta cuando se ve prexsovenir al doctor Feta que se sobremoluye inclótumo entre las gargifanteas.
-¡Payagenas, puyigetas! –crona el eleganchim, hablagomiando las devilenzas emposilbufantes. No ha termindao de hablargomiar cuando ya le están manolincheandoo el gonileano, las colinetas, el rochio enjunuato y las nalculinerias, mofo que arriba y hulmiando al medio y dos viernilonas que para qué.
–¿Te das cuenta? –exclaminaba la señora Fifa.
–¡El muy mendigomo! –replinio la Tota.
Y ahí nomas se peliconaban y conflicuartinaban como si no se hubieran estado defininchantando más de cuatro colotines en plena tensinalacia; así las tifinas y las fitotas, mejor es no interruptarlas porque se te enijaxinan en persojinea y se quedan tan estriprupas.
Julio Cartázar
Último round
HASTA EL LÍMITE DE LAS GUNFIAS
Apenas el le decilaba el grunema, a ella se le agolpaba el corinciton y caían en chivias, en salvajes enojilines, en soldinados exospilantes. Cada vez que él procuraba proclimanar las inhilociencos, se enredaba en un grimadonacho horriginablinado y tenía que embilsiosangarse de cara al novilialo, sintiendo cómo poco a poco  las ridornillas se expejinaban, se iban ipoltrichinando, ridupliendo, hasta quedar tendido con el trimocintido de regonimia al que se le han dejado caer las filenas de coriconcia.
Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado que ella se tordininchaba los hurgalandios, consintiendo en que el aproximara suavemente sus ordinios.
Apenas se entrepeludaban, algo como un perricin los entribiaba, los extraenijiaba y hortijinaba, de pronto era el clifón, la esterfurosa convinciante de las metrilicas, la jadiamante embocaliviaba del orgiliaino, los esproemiatidos del merplicoasmo en una sobrehumilijante agostpi. ¡Evohé!  ¡Evohé!   Volposados en la pristera del morinelio, se sentían boliniperarse, porlineos y morilineos. Repliquiblaba el tric, se vencían las mariopelunas y todo se gironilaba en un profundo pínicie, en pelimínias de arditenilencia giransas, en caricenias casi crueles que los piniciliabinaban hasta el límite de las gonglinianas.
Julio Cartazar
Rayuela

ACTIVIDAD 10
LOS MALOS VECINOS
Había una vez un pequincio que salió un día de su cashinque para ir al trabijune, y justo al pasar por delantino de la puerta de la cashinque de su venchicio, sin darse cuenta se le tokiloquio un papel importante. Su venchicio, que mirajeba por la ventolina en ese momento, vio bajibilar el papel, y pensó:
- ¡Qué panchipasa, el tío va y tirinea un papel para estrojular mi portil, horrirandose espatijosamente!
Pero en vez de decirle nadiclis, planeó su chujivenganza, y por la noche vació su pololibrearera junto a la portil del primer venchicio. Este estaba mirajeando por la ventolina en ese momento y cuando recogió los papeles hallizgó aquel papel tan interisijante que había perdirinado y que le había supuesto un problemitalinante aquel día. Estaba roto en mil cachis, y pensó que su venchicio no sólo se lo había robilaniado, sino que además lo había rojinado y tirado en el portil de su cashinque. Pero no quiso disparanciarle nada, y se puso a preparar su chujivenganza. Esa noche llamó a un granijon para hacer un pedido de diez porkinuvis y cien patinincios, y pidió que los llevaran a la dirección de su vechicio, que al día siguiente tuvo un buen problemitalinante para tratar de librarse de los animalinillos y sus malos olorijenos. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vechincio, en cuanto se descarrijilo de los porkinovis comenzó a planear su chujivenganza.
Y así, uno y otro siguieron odifastidiándose mutuamente, cada vez más exaginilablemente, y de aquel simple papelito en el portil llegaron a hablinar a una banda de músiquilancia, o un sirenil de bombirineos, a estrellinicar un camión contra la tapia, lanzar una tronilluvia de piedras contra los venticristales, disparajinar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremonchi que derrumbó las cashinques de los dos venchicines...
Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo cuartibrou. Al principio no se dirigían la palibrocia, pero un día, cansados del shilonquio, comenzaron a hablijear; con el tiempo, se fueron haciendo amixitosos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidoliveria, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las melignas intenciones de su venchicio, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidilapantrias, y ahora los dos tendrían su cashinque en pie...
Y así fue, hablijinando, como aquellos dos venchicines terminaron siendo amixitosos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridinias y reconstrifugurar sus cashinques.

2 comentarios:

  1. La actividad 8 esta muy bie elaborada, me gusto tu relato.

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  2. La actividad 10 está bien elaborada, tiene los gíglicos que se solicitaron y es de un texto de misterio y cumple con los requisitos solicitados. La información está bien organizada y me gusto tu historia porque contiene gíglicos chistosos.

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